Vivir con salud el invierno

Estos días que estamos sufriendo un frío inusual en nuestra isla, tenemos que saber que nuestro cuerpo está preparado para hacer frente a esta bajada de temperaturas e incluso utilizarlas como un estímulo.

Mantener la salud en invierno consiste en mostrar una actitud vital y adaptar nuestros hábitos a esta estación. Disfrutar cada día, incluso con las temperaturas bajas, es la mejor manera de asegurarnos una buena salud, manteniendo nuestro estado de ánimo en condiciones óptimas para estimular positivamente nuestro sistema inmunitario.

Tenemos que favorecer nuestra vitalidad, adaptándonos de buen grado a las circunstancias atmosféricas. Para ello, es recomendable acostarnos pronto, madrugar y realizar algún ejercicio físico, ya sea pasear, correr, yoga, chi kung,…durante 20 minutos al aire libre o en una habitación bien ventilada. De esta manera, estimulamos la producción de serotonina, neurotransmisor asociado a la sensación de bienestar, y regulamos la producción de melatonina, hormona que regula los ritmos de descanso y actividad.

En los meses invernales resulta adecuado aumentar la práctica del ejercicio físico, ya que esta actividad nos enciende “las calderas interiores” y hace circular las endorfinas, sustancias que nos inducen sensaciones de euforia y potencian la eficacia del sistema inmunitario, tan útil para prevenir la presencia de algún virus oportunista.

El invierno nos invita a sentirnos acogidos en casa, ya que a diferencia de en la época estival, pasamos muchas horas en ella, buscando protección, calor humano e incluso aislamiento. Para conseguirlo, buscamos aquello que nos sea más reconfortante, por ejemplo, dejar paso a la luz natural abriendo persianas y cortinas al llegar del trabajo por la tarde, desconectando de la jornada laboral y disfrutando de la tranquilidad del hogar. En las horas previas a acostarnos, bajar la intensidad de la luz, incluso encender velas y apagar los aparatos electrónicos para prepararnos para el sueño reparador buscando silencio. Aromatizar el espacio en el que te encuentras: la Lavanda calma emociones fuertes, el Naranjo actúa contra la melancolía y la inapetencia, el Sándalo estimula la fantasía…

La dieta también es fundamental para adaptarse a los cambios climáticos. El metabolismo se aumenta para darle calor a nuestro organismo, de ahí que sintamos más hambre y comamos más. Necesitaremos aumentar un 5% de calorías por 10º de descenso de las temperaturas. Por eso conviene consumir más hidratos de carbono de absorción lenta, como las legumbres y los cereales integrales. Los vegetales, aunque siempre es recomendable tomarlos crudos, para poder obtener todo su potencial (por ejemplo como fuente de vitaminas como la vitamina C tan útil en esta época como protectora de los catarros), en esta época son aconsejables los potajes, sopas, purés y demás platos de cuchara.

Como es necesario un incremento de grasas, es aconsejable tomar aceite de oliva, aguacate y frutos secos crudos: anacardos, avellanas, nueces, almendras y tomar alimentos ricos en micronutrientes: semillas, frutas desecadas, polen, algas, o germen de trigo. Una buena idea también, es tomar infusiones como las de jengibre y canela.

Así como el otoño es época de depuración, el invierno es época de nutrir todos los sistemas.

No te olvides de tener un descanso reparador, aunque no nos demos cuenta, nuestro cuerpo físicamente va con un tono más bajo, y por ello necesitamos una hora más de sueño al día.

Viviendo el invierno con salud y vitalidad daremos paso en plena forma a la próxima primavera.

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